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(To be or not to be) Tarifa plana

septiembre 1, 2010

Parece que el nuevo curso comienza caliente con esta especie de “Regent’s park speakers corner” en que se ha convertido el foro de la UIMP, y en el que todos los operadores de telecomunicaciones se han apuntado a gritar sus diatribas contra los “heavy users” de la Red, el gobierno, el mundo en general y sobre todo contra las tarifas planas que ellos instauraron antaño y de las que ahora dicen abominar. Así, lo que empezó como un alegato en favor de la sostenibilidad de las redes móviles (Telefonica dice que no aguantan, pero no da datos) y en contra de las tarifas ilimitadas en el sector, ha acabado contagiando a la Internet fija, la vieja ADSL. Ahora resulta que por no aguantar, no aguanta el tráfico ni la fibra óptica que ha estado ultimamente intalando Telefónica en ciudades como Barcelona o Madrid. O eso dice Francisco Román, consejero delegado de Vodafone España.

En el fondo del debate puede que esté el ganar más dinero a costa de menor inversión, es decir, “si limitamos el tráfico de los usuarios evitaremos el peligro (nada inminente) de colapso de las redes y tendremos que invertir menos (y más tarde) en nuevas tecnologías que amplien el ancho de banda, a la vez que seguimos cobrando o incluso cobramos más”. Pero frente a este razonamiento se oponen varias realidades de mercado. Una de ellas es que asustando a los internautas del modo en que lo están haciendo no alentan precisamente el consumo de bits, que es de lo que viven estas empresas, al contrario. De momento, la única experiencia reciente de supresión de las tarifas planas es la que aplicó Time Warner el año pasado en estados Unidos y que acabó por retirar ante la fuga masiva de usuarios a otros ISP (proveedores de acceso).

Otra razón de peso para creer que las amenazas de los proveedores son más ladinas de lo que aparentan es el hecho de que la limitación de consumo, o el pago por consumo, en fijo va en contra de la creación de una economía on line. Servicios como Spotify, iTunes, Amazon, la futurible Google Tv, etc., tienen mucho que perder con tales limitaciones. Al usuario le basta con consumir menos ancho para cuadrar su economía, y tal como señala con gran inteligencia Javier Canderia en su especial de barrapunto, de hecho muchos internautas se sorprenderían a final de mes al ver que su factura es menor con una tarifa por consumo que con su antigua tarifa plana. En cambio, las empresas que operan en la Red se verían seriamente afectadas, cuando no dañadas irreversiblemente, si a los ISP les diera por cobrar peajes por el uso de Internet, por más racional que esta modalidad pueda resultar para muchos consumidores. E incluso más justa si se acepta la leyenda urbana de que el 85% subvenciona al 15% que consume en exceso.

¿Tiene sentido ir encontra del crecimiento económico en la Red, precisamente en la Era de Internet? Puede pensarse que sí, si lo que buscas es extorsionar a las empresas que están teniendo éxito para que te den un porcentaje de sus beneficios. Al fin y al cabo el proveedor se considera el dueño de los caminos, y ve cómo otros se forran comerciando en sus lindes mientras él se limita a cobrar a uno de los negociantes un peaje que considera pequeño y a la vez se ve forzado a mantener el firme en perfecto estado. Pero a la larga este argumento se antoja como absurdo. ¿Por qué actuar como Al Capone cuando se puede ir por la vida de Bill Gates o de Steve Jobs? Los ISP tienen el dinero suficiente para competir en condiciones de igualdad con los servicios más populares de la Red, comprar parte de ellos o desarrollar los suyos propios. ¿Acaso Telefónica no es la dueña de Terra (un negocio muy rentable en Latinoamérica), y de otras iniciativas como Pixbox o Imagenio? Puede aducirse que lo que quieren es desarrollar sus negocios mientras gravan los de los demás, pero eso más que atentar contra la neutralidad de la Red (que también) sería pasarse la libre competencia por el forro, cosa que ningún gobierno cabal permitiría.

Hay un tema de fondo que casi nadie saca a relucir, y es que Internet tal como está dimensionada hoy se antoja limitada para los usos del futuro. En este sentido puede concederse cierta veracidad a las acusaciones de los proveedores de que por este camino no se va a ningún sitio, pero más que por peligro de colapso, por alto riesgo de aburrimiento. Los anchos de banda actuales se antojan cada vez más limitados para la multitud de servicios que están apareciendo, y que no llegan a alcanzar el éxito precisamente por falta de un ancho de banda adecuado. La Red debe ser redimensionada, pero no para sostener el tráfico actual sino para propiciar uno mucho mayor en el futuro próximo, un tráfico que sin duda puede ser el motor de un crecimiento econòmico mucho más sólido.

Hay pues una cierta urgencia en ampliar las infraestructuras de acceso y comunicación, y el camino más coherente para hacerlo es apostar por las redes móviles y olvidarse de los accesos fijos. Los motivos son que los anchos de bandas que permiten tecnologías como LTE (4G) o Wimax son muy superiores (100 megas teóricos simétricos), la inversión es más baja (no ha que cavar zanjas) y se evitan los problemas de la orografía y el mantenimiento en zonas remotas.
Ahora bien, tales tecnologías no salen nada baratas, sobre todo a los proveedores móviles, que son a los que les toca ahora mover ficha gastándose los duros en antenas de última generación (4G no se puede conseguir modificando las antenas ya colocadas), justo cuando acaban de consolodar el 3,5 G (aka HSDPA). Es cierto que no paran de ganar dinero, pero también lo es que no paran de gastar, y ahora quieren algo a cambio. No están dispuestos a seguir poniendo el parné para que sean otros los que vivan días de vino y rosas.

¿Cuál es la contrapartida? ¿Qué quiere esta gente? Podrían buscar subvenciones millonarias para el desarrollo del LTE, pero tal vez la opnión pública no las vería con demasiados buenos ojos. Se vende mal eso de que tienes que pagar por lago que antes has subvencionado. Hay otra contrapartida más sibilina y jugosa que precisamente está en juego con la abolición de la televisión analógica: el espectro que va de los 500 Megaherzios a los 900 Megaherzios y que ha quedado vacío. La intención del Gobierno es asignar buena parte de él a usos ciudadanos y sobre todo al desarrollo de la Internet móvil en zonas de difícil acceso. A los ISP, en cambio, les vendría muy bien para proyectar el desarrollo de sus redes con grandes niveles de rentabilidad. Es, para entendernos, una pradera inmensa y virgen.
Me remito a esta noticia de bandaancha para entender mejor lo que está sucendiendo:

“La cobertura 3G de Vodafone mejorará considerablemente en las zonas rurales a medida que se completen los planes de la operadora para llevar banda ancha móvil hasta un total de 3.100 municipios de menos de 1.000 habitantes. Parte del despliegue ya está en marcha, pero Vodafone necesita que el Gobierno autorice el uso del 3G en la actual banda GSM 900 MHz en la que basará su red.”

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