Archivos de la categoría ‘finanzas’

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Sobre donaciones y hombres…

Noviembre 20, 2008

En el vídeo de arriba, Anil de Mello, fundador de MobuzzTv asegura que no volvería a acudir a la autofinanciación para tratar de salvar su empresa… Y me lo creo.

El modo como manejó la crisis, y su búsqueda de soluciones en base a donaciones de los usuarios, fue pésimo, torticero y digno del más novato de los novatos. Y sin embargo, los resultados fueron más que satisfactorios para MobuzzTv: No se logró la cuota de financiación buscada, pero se generó tanto ruido, incluso a nivel internacional, que a MobuzzTv le surgieron financiadores inesperados que la salvaron. Bien por esa parte, no debemos dudar de que eso sea cierto.

Pero posteriormente la comunicación de las resoluciones a tomar en basea  lo conseguido fue pésima. No se especificó qué se iba a hacer con el dinero recaudado por los ‘amigos de mobuzztv’; se habló de mails ofreciendo su devolución (que a muchos no nos han llegado) y se aseguró que la mayoría de la gente no quería recuperar el dinero (yo tampoco).

Yo creo que simplemente se intentó zanjar el tema de plano; hacer que nos olvidáramos de ellos y de lo mal que lo habían hecho todo… Pero el ruido generado en la Red no dejó de zumbar en los oídos de MobuzzTv y sus patronos, así que se tuvieron que presentarse en el EBE 08 en Sevilla, la semana pasada, a dar explicaciones ante la comunidad bloguera y los medios.

Allí, como se puede apreciar en el vídeo de arriba, Anil estuvo bastante más convinciente que en el otro que grabó el día 9 para anunciar la salvación de Mobuzz: Pidió reiteradas disculpas, reconoció que la comunicación y la gestión de la recaudación fue pésima, y lo achacó todo a la improvisación.

Al menos fue valiente y dio la cara en tan delicada circunstancia. En buena medida recuperó su maltrecha imagen, que se había resentido con parodias sobre sus discursos como esta:

Padre, me acuso de haberle dado a Jimbo 30 dólares para la Wikipedia; espero que no se los gaste en...

Padre, me acuso de haberle dado a Jimbo 30 dólares para la Wikipedia; espero que no se los gaste en...

El tema ahora es si hay que creer en las donaciones o no. Muchas personas de mi entorno me han comentado que fue un error donar 50 euros a MobuzzTv, que fue regalar el dinero. Sin embargo yo no lo creo así.

También la Wikipedia está tratando de recaudar fondos para el mantenimiento de sus servidores… Y no 120.000 euros, sino 6 millones; ahí es nada. Si pensamos que a su fundador, Jimmy Wales, se le acusó el año pasado de gastarse el dinerín de las donaciones en señoritas de compañía…

Así que mejor le negamos las donaciones a la Wikipedia y volvemos a los pesados tomos de la Enciclopaedia Britannica, que cuestan sobre los 2000 euros en la colección entera. Volvemos a tardar 15 minutos cada vez que tengamos que hacer una consulta (en pie, pasando páginas y con los biceps en tensión); volvemos a esperar las revisiones quinquenales de los errores y las imprecisiones; volvemos a dejar en manos de otros lo que queremos saber, la información que en Internet obtenemos en pocos segundos. Y eso sin sumar el mueble para albergar los cien tomos… ¿Donamos o no donamos?

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50 euros para Mobuzz

Noviembre 5, 2008

Sinceramente, me importa muy poco lo que le pueda pasar a MobuzzTV más allá de la solidaridad profesional con los compañeros que se puedan quedar en el paro. Como producto me ha parecido siempre bien hecho pero fuera de lugar en la Red; algo que no hubiera estado mal en el mundo offline, pero que en Internet se quedaba demasiado fuera de juego; sobraba, vamos. No tengo además ningún tipo de acciones de la empresa ni conozco a ninguno de sus fundadores, técnicos o presentadores.

Dicho esto quiero explicar por qué he decidido donar 50 euros para ayudar a salvar a MobuzzTV, que debe conseguir antes del día nueve de noviembre 120.000 euros si no quiere desaparecer: Tengo curiosidad por saber si se puede o no se puede; si hay capacidad para responder a las expectativas que en Internet, quizá sin saberlo, tenemos sobre nosotros mismos.

Puede que el modelo de negocio de MobuzzTV no fuera el mejor del mundo, incluso que fuera sobredimensionado y/o extravagante; realmente ni lo conozco ni tengo interés en entrar en estos detalles. Sin embargo, su petición de ayuda, que ha sido duramente criticada, me parece de lo más sensato que he visto últimamente. Ante la dificultad de conseguir liquidez para continuar con sus emisiones, al parecer realmente costosas, MobuzzTV ha reclamado a sus espectadores que le financien con sus donaciones hasta conseguir los 120.000 euros que precisa para continuar emitiendo. Ni se presenta un plan de negocio ni se emiten acciones ni nada: se pide dinero para continuar haciendo lo que se sabe hacer, lo que se supone que gusta al que da ese dinero. Se pide, pero no se exige. Si no se llega a la cifra, MobuzzTV desaparece y el dinero ¿se revierte? a sus donantes. Esa es la idea…

Algunos han querido ver en esta iniciativa un modelo de “mendicidad 2.0″, o de “cara dura digital”. Yo disiento de ellos entre otras cosas porque la mendicidad es una forma de obtener la caridad de los demás, no una recompensa o un pago por un producto, que es lo que pide MobuzzTV. Yo hablaría más bien de una petición de solidaridad 2.0, y también de una prueba de fuego para la madurez de la sociedad digital.

En este país nuestro, cuando alguien cojea nos tiramos a sus tobillos para hacerlo caer y machacarlo, una mentalidad muy latina. En los países anglosajones, a los que tanto criticamos, la solidaridad con los miembros de la comunidad es casi una obligación: la comunidad somos todos y si cae un miembro es como si una mano perdiera un dedo. Pero aquí he oído a no pocos supuestos buenos amigos de MobuzzTV soltar la artillería pesada en estos días contra el modelo de negocio de la empresa y contra su fundador. Es la hora de los listos…

Creo que si por algo se distingue la Red y la sociedad de la información es por su capacidad de solidaridad y colaboración; el software libre es colaborativo, te enseña a crear y a compartir, a mejorar y a permitir que estas mejoras lleguen a la comunidad. La comunidad se beneficia de tus mejoras del mismo modo que tú te beneficias de las de los demás. Lo mismo ocurre con la cultura libre: compartir nos hace mejores y más fuertes porque nos libera de intermediarios, de terceras partes y de costes y cánones adicionales innecesarios.

Creo que el futuro tendrá una filosofía social, cultural y económica basada en estos conceptos; una filosofía inimaginable de momento pero que acabará sustituyendo al capitalismo y a la economía de mercado antes de lo que acertamos a imaginar. Y todo ello porque las nuevas tecnologías nos han dado el arma definitiva para acabar de una vez por todas con los poderes y las jerarquías, con los viejos órdenes, las cuotas, los márgenes de beneficios y los respetos debidos.

Y ese arma se llama información; tanto semántica como social. Las nuevas tecnologías nos permiten entender las cosas y también comprender que en nuestras manos (como comunidad) está el hacer que estas cosas pervivan o no. De nosotros depende que sepamos usar nuestro poder para levantar proyectos simplemente por que nos gustan, sin que haya un patrocinador o un anunciante detrás de los mismos avalándolos.

Ahora, en el caso de MobuzzuTV, es el momento de ver sí somos ya capaces de actuar de ese modo, si estamos preparados para salvar aquello que nos gusta simplemente porque nos gusta, al margen de viabilidades o planes de negocio.  En mi opinión, si la iniciativa de MobuzzTV recoge el dinero suficiente será una gran victoria moral de todos contra nuestros propios prejuicios y estrecheces mentales, más allá de que el proyecto nos importe un bledo: nos habremos demostrado que podemos. Si fracasamos, simplemente seguiremos en el mismo sitio donde llevamos tantos años.

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En manos del señor Antonio

Octubre 7, 2008
Foto de Daniel Lobo bajo licencia CC

Foto de Daniel Lobo bajo licencia CC

Lo que viene a continuación es la historia que un inmigrante ecuatoriano me relató en un trayecto desde el Ikea de L’Hospitalet a la plaza Universidad de Barcelona, sentados ambos en la cabina de un camión de transportes. No entro a juzgar si es cierto o no, exagerado o preciso, literario o verosímil. Lo expongo porque me parece tan ejemplificante como inquietante.

El señor Antonio llegó a España en 1999 procedente de Ecuador. Comenzó a trabajar subcontratado para Ikea como transportista y montador de muebles. En cuanto se estableció mínimamente, llamó a su mujer, su hijo y su cuñado. Todos encontraron pronto trabajo: ella como cuidadora de una pareja de ancianos; ellos también para Ikea como montadores y transportistas subcontratados.

Uniendo los cuatro sueldos, consiguieron el capital mínimo para dar la entrada para un piso en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) mientras un banco les financió una hipoteca a bajísimo interés sin casi exigencias. (El señor Antonio aseguró haber visto con sus propios ojos prestamos personales concedidos con nóminas falsas). El piso les costó en el año 2001 112.000 euros.

Al cabo de cuatro años decidieron poner el piso en venta para conseguir un capital extra con el que financiar la construcción de una casa en Ecuador, lugar al que siempre han pensado en regresar el señor Antonio y los suyos. Llegaron a ofrecerles 240.000 euros, pero rechazaron las ofertas por creer que todavía podían sacar más rentabilidad a la inversión, que podían vender más alto.

Sin embargo, esa oferta fue la última. A partir de entonces los interesados por el piso dejaron de llamar y el cartel de “se vende” cogió polvo. Ahora el piso se ha devaluado hasta los 180.000 euros, una cantidad todavía superior al precio de compra. Pero ya nadie llama para interesarse.

En este contexto de sobra conocido, al señor Antonio y a tantos otros, Ikea prescindió de sus servicios; rompió el acuerdo y los dejó sin contrato preferente. Lejos de desesperarse, ellos se apostaron con sus furgonetas y camiones a las puertas del Ikea de L’Hospitalet para ofrecer sus servicios más baratos. Allí siguen. Acechan a los clientes que salen del centro comercial con sus voluminosos paquetes y les proponen servicio de transporte por 40, 60, 100 euros… Precios irresistibles. Puede vérseles cada día de diez de la mañana a diez de la noche excepto domingos. Son caras indias, caucásicas, gitanas, eslavas… Tienen las lecciones del mercado bien aprendidas.

Un dia el señor Antonio echó cuentas y vio que hasta la fecha sólo había pagado los intereses de la hipoteca. ¿Cómo? Sencillamente porque dicho interés había multilicado por cinco su valor con la crisis económica. Si la letra inicial era de 400 euros, ahora estaba en torno a los 900 euros. Es decir, que si bien había comprado el piso barato, lo estaba pagando muy caro; y así debería ser durante los próximos 30 años…

El señor Antonio decidió dejar de pagar la hipoteca y pasar a la creciente lista de morosos hipotecarios. Entre otras razones porque en sus planes está volver pronto a Ecuador, y si quiere hacerlo con un mínimo de capital para construirse una casa, no puede pagar una hipoteca de casi 1.000 euros.

Han pasado cuatro meses hasta que el banco se ha puesto en contacto con el señor Antonio, y no ha sido para reclamarle los impagos o amenazarle, sino para hacerle una propuesta desesperada: el banco se queda el piso, pero a cambio el señor Antonio paga un alquiler razonable y mantiene la opción de volver a retomar la hipoteca en cuanto pase la crisis y de este modo recuperar el piso. El señor Antonio aceptó.

Pero sigue pensando en regresar en tres años a Ecuador, y entonces se desentenderá de la hipoteca. Al banco no le quedará más remedio que quedarse con un piso devaluado y de difícil liquidación. ¿Uno o un millón? ¿Cuántos señores Antonio hay?

A mí me parece comprensible lo que hace el señor Antonio; el capitalismo es eso: El fuerte explota las necesidades del débil en nombre del supuesto beneficio mútuo. Ahora el señor Antonio, que es el fuerte porque no tiene nada que perder, explota la necesidad de liquidez del banco. Sin embargo, rezo porque el señor Antonio decida volver lo más tarde posible a Ecuador.