Archivo de Diciembre 2008

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A por la burka digital

Diciembre 10, 2008
¿Hubiera podido Sorolla publicar esto en Facebook?

¿Hubiera podido Sorolla publicar esto en Facebook?

Leo que un internauta australiano ha sido condenado a pagar 2.000 dólares por albergar en el disco duro de su ordenador dibujos de Lisa y Burt Simpson practicando sexo (follando, vamos). El juez juzgó tales dibujos como pornografía infantil porque consideró que los dibujos reproducían la morfología sexual humana con fidelidad.

Por otro lado, Flickr censura a los usuarios que cuelguen fotos que ellos consideren ‘provocadoras’, como le sucedió al artista cubano Fabio Bórquez, que ha sido expulsado del servicio por sus desnudos artísticos.

Y otro tanto pasa con YouTube que censura los vídeos con pistolas y navajas por violentos e incitadores (por no sé qué regla de tres) a las matanzas en institutos y otras entidades académicas.

En el terreno de lo personal, mi experiencia con la cibercensura tuvo lugar en Panoramio, un servicio de fotos sobre Google Earth en el que puse una foto de un amigo con sus hijos pequeños en una lancha motora en Portugal. Cuando el servicio fue comprado por Google, mi fotografía desapareció. Casualmente conozco a uno de sus fundadores, y pude preguntarle por el motivo de dicha desaparición. Lógicamente no sabía nada en concreto sobre mi foto (en Panoramio hay miles), pero sí me comentó que Google había tenido problemas con algunas fotos de Panoramio.

Concretamente un par de padres habían denunciado al buscador por contener fotos de sus hijos en bañador en sendas playas del planeta. Claro: no le pidieron a los amigos que las habían puesto que las quitaran, sino que denunciaron directamente a Google a ver qué tajada sacaban. Como la Ley (obsoleta) Española de protección de menores estipula que la cara ningún menor puede aparecer en un espacio público sin consentimiento judicial, los espabilados padres ganaron. Google, por su parte, se curó en salud y borró todas las fotos de niños que pudiera haber en Panoramio sin preguntar a quienes las pusimos.

La moda de censurar en Internet ha tardado más de la cuenta, pero por fin ha llegado. Los censores, los represores, los temerosos de la libertad del otro que ven pederastas en cada nodo, comienzan a imponerse con sus miedos mezquinos y pegadizos. Alertan sobre sitios como Facebook, donde la gente deja sus fotos y las de sus hijos. Aluden veladamente a la lascivia con la que algunos ‘pervertidos’ (‘predadores sexuales’ les llaman) pueden interpretar dichas fotos, y así de paso se aseguran de que nos meten bajo el control de su cobardía espiritual.

Es cierto que el que se comunica se expone, tanto en Internet como fuera de ella. El que muestra su vida a los demás, el que cuenta sus problemas o sus alegrías y muestra su humanidad, está más expuesto que el que lo esconde todo bajo un rostro impenetrable. Es más frágil pero menos paranoico.

Sin querer hacer apología del exhibicionismo emocional (que me repugna) sí me parece saludable la comunicación online: el colgar fotos, dar opiniones… Dar señales de vida en toda su extensión. Incluso con mayor ahínco que fuera de la Red, pues en cierto modo, la libertad de expresión es una conquista que en Internet viene por defecto. O debería.

Los amigos de lo oscuro quieren que quitemos las fotos de las tetas y los culos de nuestros blogs, que los niños no puedan salir sonriendo y desnudos en nuestros perfiles de Facebook (¿acaso no están llenas las playas de niños desnudos?) y que en los sitios de vídeos se muestre una realidad plácida y premenstrual.

Si su campaña triunfa, preparémonos para tener que navegar con nuestra identidad tapada con una burka digital.